jueves, 28 de mayo de 2009

El comienzo de la imaginación

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un pescador de los de caña y barca, cuyo nombre era Rodolfo, pero los amigos lo conocían como “Casimiro”, ya que llevaba gafas y siempre miraba a la gente por la parte de encima.

Un buen día, el hombre fue a pescar al río Fardes junto con dos amigos más, Pedro y Evaristo, y decidieron coger la barca e ir a mar, ya que allí poco pez había.
Una vez parados en medio del mar, el motor empezó a fallar hasta que se paró por completo, entonces Rodolfo pensó que no había llenado el depósito de la gasolina, y por lo tanto se había quedado sin; por suerte tenían remos y no había problema para volver a la orilla, por eso se quedaron un ratito más a esperar alguna picada.

Pasaban las horas y oscurecía, Evaristo y Pedro se quedaron dormidos, ya que eso de la pesca no les apasionaba mucho la verdad, y Casimiro decidió volver a tierra antes de que fuera más tarde, así que empezó a remar y remar y nunca llegaba al sitio de origen; de repente se dio cuenta de que la corriente los llevaba en sentido contrario, es decir que el pobre Rodolfo estuvo remando más de dos horas sin parar para nada.
El pescador decidió despertar a sus amigos para ver si a ellos se les ocurría algo bueno y útil para hacer, pero estuvieron pensando y no sabían que hacer.
De repente, los tres amigos llegaron a tierra, pero no era de la que habían salido, y decidieron pasar la noche allí.

Al día siguiente se dieron cuenta de que aquello era una isla, y después de estar investigándola vieron que no había vida, excepto cuatro pájaros y algunos bichos.
Los hombres se alarmaron al ver que allí estaban solos e incomunicados, y decidieron hacer fuego, ya que era imprescindible, ir a pescar algo para poder comer e ir a hacer una cabaña para refugiarse de la lluvia por la noche, por si se daba el caso.
A Casimiro le tocó pescar, ya que a él le gustaba ese tema, Evaristo tuvo que hacer fuego, con la ayuda de las gafas de su amigo “Casimiro” y el Sol, y Pedro, ya que era paleta intentó hacer una especie de refugio.

Cuando cada uno acabó con su tarea escucharon la canción de “Verano azul”, y se quedaron quietos y pensativos al oírla, ya que no era normal que hubiese música en una isla donde no había electricidad ni nadie que la pudiese chiflar.
Al minuto, Rodolfo se acordó que tenía esa melodía al móvil, y por lo tanto que llevaba el aparato encima.
La reacción de los amigos al ver que Casimiro tenía el móvil allí y que no se acordó de eso era una mezcla de rabia y de alegría, ya que todo lo hecho y todas las preocupaciones no sirvieron para nada.

Así pues, llamaron a la policía y les explicaron todo lo sucedido, y al cabo de tres horas llegó el helicóptero y los sacó de aquella pequeña isla, donde dejaron el fuego encendido y una cosa que brillaba en el suelo, pero que Rodolfo no alcanzaba a ver.

0 comentarios: